Jugando, me dijiste que podía tener un sueño erótico pero a condición de que te incluyera.
En mi sueño, podía meter mi mano en tu pelo y jugar con tus rulos. En mi sueño, podía darte besos en la boca, en las manos, en los pies. Podía decirte tu nombre al oído y mordisquearte la oreja.
En mi sueño, a veces dormías del lado izquierdo de mi cama y a veces del derecho. Nos enroscábamos un poco, hasta que con paciencia te levantabas a desenredarnos, un poco por ternura pero en verdad porque querías otra vuelta. Yo estaba dormida y eso te gustaba, porque entrabas en mí y te sorprendías de que adentro estuviera tan caliente y tan húmeda. Entraste a llevarte mi vida y a dejarme la tuya.
En mi sueño, yo te llamaba y vos venías, y yo me encerraba en tu cuerpo como una cajita, y me sumergía en tu calor y me dormía.

2 respuestas hasta el momento ↓
Miranda // Agosto 21, 2008 a 2:40 pm |
A Dios, gracias por los sueños….
Moria // Agosto 22, 2008 a 11:26 pm |
Wowwwww!!!! Vivan los sueños, especialmente los humedos!!!