Bajé del colectivo que me depositaba en ese pueblo, bajé y fue lo primero que vi: morochon, camiseta de Argentina que delataba a más no poder que NO era argentino, tatuajes por doquier, un cuerpazooo que ahora que me acuerdo se me pone la piel de gallina…en fin… un HOMBRE que emanaba olor a hombre y que mis hormonas femeninas (porque jurooo que fueron las hormonas!!!) dedicidieron que TENÍAN QUE TENERLO (adentro).
Este sujeto que vamos a llamar sujeto no para preservar anonimatos ni nada por el estilo, simplemente porque nunca llegué a conocer su nombre, era la encarnación de mi fantasía del guerrillero/revolucionario. Cuando empecé a indagar su historia por los rincones polvorientos de este pueblito (que vamos a llamar pueblito ahora sí para preservar anonimatos) las cosas se volvian turbias, nadie sabia porque estaba ahi, vivía de prestado en un hostal y trabajaba llevando gente ahí (y claro ¿qué mina a la que le anduvieran los 5 sentidos NO iba a seguir a este SEMENTAL?!! Los dueños del hostal hicieron muy buena estrategia de marketing debo admirar). En fin. Les decía: iba acompañado de otros personajes muy bizarros y lo más lejos que llegué en su historia fue que era del país vasco y había altas suposiciones de que pertenecía a la ETA. Como explicarles que todo esto lo único que hacía era aumentar mi apetito sexual por este sujeto. Ahora no había dudas, yo TENÍA QUE TENERLO.
Sin dar más vueltas lo encaré en la cocina del hostal y creo que bastó mi mirada para que se diera cuenta cuales eran mis intenciones. Al minuto estábamos en su cama.
Salvaje, anónimo, fantaseado, veraniego… no podía pedir más.